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porJorge Balbis
fonteJorge Balbis
a 07 NOV 2013

La agenda Post-2015: entre la retórica sobre el desarrollo y la necesidad de cambios concretos en beneficio de los más postergados y excluidos

A estas alturas es claro que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) no serán alcanzados de manera uniforme para el 2015. Por lo tanto, la comunidad internacional, además de  revisar lo que se ha logrado hasta la fecha y evaluar en qué se ha fallado hasta ahora, se ha impuesto la tarea de renovar la agenda respecto del futuro deseable para la humanidad más allá del 2015. En este sentido, las Naciones Unidas entienden que después del 2015 se inicia una nueva era respecto del desarrollo la que exige una nueva visión y un marco flexible para su logro, mismo si la comunidad internacional debe proseguir con la labor iniciada con los ODM y poner fin a la extrema pobreza en una generación. Todo ello será posible, según Naciones Unidas, mediante una nueva alianza mundial de la comunidad internacional, la que deberá reforzar la voluntad política y mejorar el entorno normativo internacional y aprovechar el potencial de las asociaciones entre múltiples interesados para dar una respuesta más coherente y eficaz a esta ambiciosa agenda.

A todo ello se refirió el Secretario General el pasado 25 de setiembre en el informe que presentó ante el pleno de la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York. Para arribar a estos planteos, mucho se trabajó en los meses anteriores a nivel internacional, incluyendo, entre otros, numerosos informes y eventos oficiales temáticos a nivel mundial y regional, múltiples consultas a la sociedad civil promovidas por las propias Naciones Unidas, iniciativas de la propia sociedad civil para hacerse oír al respecto, cientos de reuniones, sesudas discusiones, miles de horas de cabildeo, etc., etc. 1

No se trata de desconocer el valor de tanto esfuerzo, y mismo ALOP participó en varias de estas iniciativas o fue convocada a pronunciarse en múltiples foros al respecto, reconociendo la importancia de este proceso internacional del que deberían resultar una serie de compromisos políticos que permitan atender algunos de los problemas más graves y urgentes que enfrenta nuestro planeta y, en especial, que afectan a las poblaciones más pobres y marginadas del mundo entero. Bienvenido sea ello si se logra avanzar en esta dirección, mismo si respecto de varios de los insumos que han nutrido esta reflexión internacional tenemos nuestros reparos y críticas en cuanto a sus enfoques de los problemas y las soluciones que se proponen para superarlos.

Nadie duda de la importancia y validez política de la “Declaración del Milenio” (2000) de la que surge el programa de las ODM. En esa Declaración se establecieron los fundamentos de una agenda de desarrollo basada en valores como la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respecto a la naturaleza y la responsabilidad común pero diferenciada.2  Y mismo con sus limitaciones (ya que los ODM no constituyen por sí mismos un programa de desarrollo completo no incluyendo algunas cuestiones más generales que se trataron en las conferencias del decenio de los noventa, ni abordan las necesidades particulares de los países en desarrollo de ingresos medios ni las cuestiones de la creciente desigualdad), esta agenda ha servido para plasmar en acciones estos valores comunes y desarrollar acciones para combatir la pobreza extrema y el hambre, enfrentar el deterioro ambiental, introducir mejoras en la educación y la salud, y promover la igualdad entre los sexos, entre otros. Además, con ella quedó de manifiesto que, dado que la falta de desarrollo es un problema que atañe y afecta a todo el mundo y no solo a los países menos desarrollados, se requieren esfuerzos mancomunados y coherentes entre una amplia gama de actores –públicos y privados- para enfrentar retos tan grandes y complejos.

Sin embargo, llegados a estas alturas, y teniendo presente los logros alcanzados, pero sobre todo lo que falta respecto de la realización de los ODM, creemos que la discusión sobre qué queremos respecto del desarrollo después del 2015 debe ir más allá de la retórica y enfrentar una serie de cuestiones que, si no son atendidas con acciones concretas y compromisos específicos, pondrán en duda el logro de esa “nueva era respecto del desarrollo” de la que hablan las Naciones Unidas. Y lo que más nos preocupa a este respecto, es lo que ocurra luego del 25 de setiembre cuando, superada la etapa del diagnóstico y apagadas las luces y la atención internacional que estarán puestas sobre el evento especial en Nueva York, sea la hora de la discusión política entre los múltiples actores que integran la comunidad internacional (gobiernos, instituciones multilaterales, corporaciones, sociedad civil, etc.) sobre qué hacer y cómo hacerlo (incluyendo con qué recursos financiarlo) respecto del desarrollo luego del 2015.

ALOP ha venido trabajando en esta dirección junto con un amplio conjunto de organizaciones y redes sociales del mundo entero con la intención de formular propuestas que los gobiernos deberían tener presente a la hora de acordar la agenda internacional para el desarrollo luego del 2015. Ello es parte de su misión institucional y la participación en estas discusiones nos permite revenir una vez más sobre una cuestión fundamental para la Asociación: la propia noción del desarrollo y las condiciones para lograrlo. Asimismo, sus asociadas, que trabajan cotidianamente en el terreno junto a poblaciones y realidades concretas para superar la pobreza, la marginación y la exclusión de amplios sectores de las poblaciones de sus países, también aportan con su labor en esta dirección.

En este sentido creemos que la agenda Post-2015 debe hacerse cargo de manera integral de las múltiples crisis por las que atraviesa nuestro planeta, estableciendo un conjunto de compromisos a nivel internacional de cuyo cumplimiento deban rendir cuentas los gobiernos y establecer con claridad los medios que se emplearán para su efectivo logro en un plazo realista, pero a la vez urgente. Tales compromisos deben enmarcarse en la arquitectura ya existente de derechos humanos con una referencia explícita a la Declaración Universal de los Derechos Humanos e incorporar medidas concretas para su aplicación, dotándose de una fuerte base no negociable e instrumentos poderosos para la supervisión y rendición de cuentas para asegurar que se respeten, cumplan y protejan los derechos humanos.

Asimismo el marco post 2015 debe reconocer plenamente que la pobreza global nunca será erradicada a menos que comencemos a respetar los límites del planeta. Esto requiere de un nuevo enfoque que transforme las prioridades internacionales vigentes para garantizar la prosperidad de todas las personas dentro de los límites de los recursos de nuestro planeta. Los principios de la justicia climática, la responsabilidad histórica y común pero diferenciada, así como el principio de “quien contamina paga” deben constituir los cimientos de cualquier transición justa.

La necesidad de abordar las desigualdades debe ser el núcleo de cualquier marco de desarrollo futuro. Las causas estructurales que conducen a la desigualdad y la marginación requieren un enfoque holístico que se traduzca en soluciones estructurales de gran alcance con objeto de lograr la justicia social para todos. Para ello es necesario que la agenda Post-2015 incorpore como un objetivo independiente la desigualdad y formule medidas globales para hacer frente a los factores estructurales que generan marginación, exclusión y discriminación.

Nada se logrará si no se promueven reformas específicas para las estructuras económicas y sociales vigentes. Estas reformas deben incluir la regulación de los mercados financieros, la reestructuración de los sistemas comerciales injustos y los regímenes ilícitos de derechos de propiedad intelectual, la abolición de los paraísos fiscales, así como políticas coherentes con el desarrollo. Todas estas reformas son necesarias, ya que el sistema económico y financiero mundial actual aumenta las desigualdades, obstaculiza la erradicación de la pobreza y el pleno goce de los derechos humanos por todas y todos. Han de crearse nuevas reglas y abolir otras para asegurar que los marcos globales no restrinjan los derechos humanos ni los objetivos de desarrollo.

La agenda Post-2015 no puede ignorar los sistemas de poder que conforman el panorama universal y que engloba a actores con agendas totalmente opuestas y enormes diferencias de poder y oportunidades. Difícilmente la agenda Post-2015 logre superar este escollo, pero si ella ha de ser universal, todos los actores deben asumir sus respectivas responsabilidades al respecto y responder a objetivos universales, claros y cuantificables sobre los que cada uno rinda cuentas. En este sentido, la asunción de responsabilidad ha de ser una de las piedras angulares del diseño y la aplicación del marco Post-2015. Para ello deben establecerse mecanismos específicos que respondan a un conjunto de principios rectores para los gobiernos, como transparencia y rendición de cuentas, que sean universales y participativos y que empoderen a las personas para supervisar y exigir responsabilidades a las autoridades, las instituciones financieras, los agentes del desarrollo y el sector privado (incluyendo un sistema obligatorio de rendición de cuentas para las empresas, en especial, las grandes corporaciones).

Finalmente, nada se logrará si la agenda Post-2015 no hace énfasis en la función del buen gobierno y de las instituciones que garanticen el Estado de derecho, la participación activa y la libertad de expresión de la ciudadanía respecto los procesos políticos en relación con el desarrollo. Para ello se debe garantizar la existencia de condiciones propicias para dicha participación, que en muchos casos y situaciones están lejos de estar garantizadas o ni siquiera respetadas. Un programa verdaderamente centrado en las personas “que no deje a nadie atrás” ha de establecer los habilitadores para la plena participación en los procesos de toma de decisiones en todos los niveles y para todas las personas, independientemente de su edad, raza, etnia, discapacidad, género, orientación sexual, identidad de género, condición jurídica u otra. Por lo tanto el marco Post-2015 debe promover mecanismos para asegurar que, especialmente, las comunidades socialmente excluidas participen en el diseño, la implementación y el seguimiento de las políticas y planes de desarrollo (nacionales y locales); garantizar que la información no solo sea accesible, sino también oportuna y fácilmente comprensible (por ejemplo, disponible en lenguas  minoritarias, adaptar su contenido y formato a diferentes niveles de educación o personas con discapacidad); establecer un entorno político y jurídico propicio para que las organizaciones de la sociedad civil gocen de libertad de asociación, libertad de expresión y puedan llevar a cabo su trabajo sin temor a sufrir hostigamiento, represalias, intimidaciones o criminalización.

La eficacia y el carácter transformador de un marco Post-2015 dependerán en gran medida de la inclusión de estos parámetros y, por tanto, del carácter público y del apoyo global que generaría. Y esto es fundamentalmente una cuestión política, que no se cerró el pasado 25 de septiembre en Nueva York, sino que viene de mucho antes y que nos convoca a seguir trabajando, más allá del 2015, por ese otro mundo posible al que aspiramos y que cada día resulta más urgente y necesario.

Para acceder a los informes oficiales que han nutrido la labor de reflexión del Secretario General de las Naciones Unidas y del Grupo Abierto de Trabajo sobre los ODM Post 2015 de Naciones Unidas, consultar http://www.worldwewant2015.org/sp/consultaSENG

2 Ver la resolución 55/2 aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su quincuagésimo período de sesiones, Declaración del Milenio (A/RES/55/2).

Jorge Balbis – Secretario Ejecutivo de Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción al Desarrollo (ALOP)
 

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